Hace unas horas he asistido a una conferencia sobre economía que había de transmitir unas claves para salir de la crisis actual.
Lo que no me esperaba era que las palabras "innovación tecnológica
empresarial" no estuviesen presentes en el discurso. Me he dado cuenta de
que estamos tan inmersos en nuestra
realidad, que ignoramos que otros profesionales en otros sectores viven otra
realidad. Y no somos conscientes de ello. Tan elemental nos parece la opinión
general en nuestros respectivos mundos, que de manera atrevida afirmamos
que tenemos la receta para solucionar la tremenda crisis en la que estamos
respirando (conteniendo como podemos el jadeo). Superando la extrema frustración
inicial, que casi me lleva a abandonar la sala, permanecí atenta toda la
conferencia, con la misma sensación que tienes cuando tragas un alimento de
sabor desagradable porque sabes que es rico en vitaminas. Mal sabor porque se atacaba directamente a la gran apuesta que se está haciendo por
la ciencia, que ha hecho que seamos un referente internacional por la calidad de nuestros científicos y de nuestros resultados de I+D.
Después de ingerir completamente el discurso, del que la digestión va a ser
algo pesada, estoy convencida, tanto de que he escuchado muchas verdades como de
que hay mucha desinformación respecto a lo que cuesta generar un
sistema científico-tecnológico competitivo. Y ahora, más que antes de asistir
a esa conferencia, estoy convencida de que es imprescindible que haya diálogo
entre todos los que estamos empeñados en sacar el país de la crisis. Porque con
buenas estrategias independientes, diseñadas en los diferentes ámbitos del conocimiento, sólo se van a tener
soluciones parciales.
Diversas medidas económicas han sido planteadas para salir de
la crisis, centrando su solución en el saneamiento de la banca y en la
creación de empleo (refiriéndose más a empleo masivo de baja cualificación que a pocos puestos cualificados). El objetivo es solucionar
la crisis de demanda en la que
estamos sumergidos. Y como la biotecnología no cumple con estas
características, el mensaje transmitido es que hay que potenciarla más adelante, porque ahora
no es el momento. Básicamente, saldríamos de la crisis más o menos rápidamente potenciando el turismo de calidad y las inmobiliarias (no la construcción de
viviendas, que esto ya se ha visto lo que provoca, sino su rehabilitación). Como última medida posible no descartaba la salida de España del euro.
Quiero pensar que este mensaje tiene una base sólida que los
economistas deben conocer bien, y yo no me atrevo a poner en duda. Lo que yo
puedo aportar a estas ideas es que la biotecnología no es un sector que se
pueda dejar unos años aparcado, para dedicarnos a solucionar problemas
sociales aparentemente más inmediatos, y volverlo a potenciar en el futuro. Metafóricamente hablando, es como si en
un campo de olivos, arrancamos todos los árboles para sembrar tomateras. Así conseguiríamos en pocos meses con qué alimentar a las personas, pensando en sembrar de nuevo los olivos cuando nos convenga. No podemos olvidar que, hasta
que volvamos a tener esos olivos maduros, habrán de pasar muchos muchos años. Y
quizás esto no se lo hemos explicado bien a quienes están tomando las
decisiones en estos momentos.
Enseguida me ha venido a la cabeza una situación que estamos viviendo en los Institutos de Investigación Sanitarios acreditados por el Instituto de Salud Carlos III. Esta acreditación sirve como garantía de calidad de la actividad investigadora y traslacional de los hospitales que integran. La innovación sanitaria está muy presente en la labor diaria de sus profesionales (los investigadores clínicos y docentes, así como el personal de enfermería), pero debido al descenso en la financiación pública, esta actividad innovadora está muy comprometida. Ante esta situación pensemos lo siguiente: ¿Quién es capaz de quitar a un grupo de enfermos de cáncer su quimioterapia, para financiar un experimento en un laboratorio del mismo hospital dirigido a encontrar un tratamiento más efectivo contra el cáncer? ¿Será el brutal descenso en la financiación de estos hospitales lo equivalente a talar los olivos?
Enseguida me ha venido a la cabeza una situación que estamos viviendo en los Institutos de Investigación Sanitarios acreditados por el Instituto de Salud Carlos III. Esta acreditación sirve como garantía de calidad de la actividad investigadora y traslacional de los hospitales que integran. La innovación sanitaria está muy presente en la labor diaria de sus profesionales (los investigadores clínicos y docentes, así como el personal de enfermería), pero debido al descenso en la financiación pública, esta actividad innovadora está muy comprometida. Ante esta situación pensemos lo siguiente: ¿Quién es capaz de quitar a un grupo de enfermos de cáncer su quimioterapia, para financiar un experimento en un laboratorio del mismo hospital dirigido a encontrar un tratamiento más efectivo contra el cáncer? ¿Será el brutal descenso en la financiación de estos hospitales lo equivalente a talar los olivos?
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